ISBN 9789879395455
Idioma: Español
Páginas: 140
La palabra "rancho" es sinónimo de hogar. Evoca la vivienda más esencial y itáfiea, nacida de la necesidad. En sus muros está escrita parte de la historia y la ra de cada región de nuestro país y aquellos quienes sobreviven al avance del mundo no permanecen aislados en parajes todavía vírgenes.
Embebidos de arte, poesía y refinamiento, revelan en su ingenuidad nuestra compleja idiosincrasia. Al principio estuvieron los indígenas y luego los "criollos", fruto del encuentro entre nativos y conquistadores. Más tarde llegaron los "gringos" y los otros. Con los años, la vida y los amores adaptaron sus costumbres para sobrevivir en una tierra desconocida y salvaje hasta integrarse con el paisaje y quienes lo habitaban desde siempre.
El hombre de campo, al levantarse, mira el cielo. A partir de entonces, sus días se suceden con el ritmo dictado por la naturaleza y cada uno de sus actos determinará la supervivencia. Es en el interior de los ranchos en donde la ausencia de velos revela lo puro y lo salvaje, la espontánea disposición de objetos sobre una pared evoca un equilibrio natural, y el ingenio se agudiza para resolver los problemas con lo que se tiene a mano. En donde el gozar de la existencia se encuentra en los gestos más primarios y la elegancia en la disposición de las piedras sobre los muros.
Evolucionamos hacia la tecnología y la homogeneidad y al hacerlo inevitablemente dejamos del contacto natural que alguna vez tuvimos. En lugar de integrar, imponemos, y nos negarnos así a recibir lo que cada lugar tiene para ofrecer y salir con ello enriquecidos. Como resultado, transformamos dignidad en pobreza.
Me resulta sencillo hallar la mano de Dios en los colores del plumaje de las aves, delineado de los ojos de una llama o en los infinitos tintes y formas posibles de los árboles y flores. Creo que la verdadera belleza está inscripta en el patrimonio del universo y es de la observación de la naturaleza de donde obtenemos las resoluciones eficientes y las formas más perfectas. Es así como el hombre contemporáneo sigue inspirándose en los primitivos diseños surgidos a partir de este vínculo.
Durante años he recorrido mi país y el mundo. Allí donde algunos veían pobreza, a suerte de intuir belleza, y de ese sentimiento surgió este trabajo. Estas imágenes no pretenden ser una descripción arquitectónica de los ranchos. Son apenas una mirada un mundo en el que la necesidad y la inmediatez delatan por igual lo crudo y lo bello, sin máscaras, mostrando así la alianza fundamental que muchos añoramos: la del hombre con su tierra.