wzwzwzwzwzwzwzwzwzwzwzwzwzwzwzw EL PALACIO DE LOS PATOS Maria Esther de Miguel ALFAGUARA 414 paginas No son muchos los escritores argentinos que cuentan con un público cautivo. Una de esas firmas registradas es, sin duda, la de María Esther de Miguel. Su asunto central es de índole policial: una noche, los habitantes de los cuatro pisos y la mansarda que constituyen la elegante y amplia arquitectura de una rica mansión porteña, se ven conmovidos por el asesinato de Josefina Laferriére, la del tercero a la derecha. Tenemos, pues, un crimen de autor y móvil desconocidos, de modo que la tensión se establece al modo clásico, por el enigma. Lo original es el tratamiento del asunto y la expansión narrativa que de él irradia. El mayor acierto estructural de la novela es mantener oculta, hasta muy avanzada la lectura, la identidad del narrador, hecho que funciona, a efectos del suspenso, como pivote paralelo al del descubrimiento de la identidad del asesino de la joven, bella, rica y distinguida víctima. Con tal eficacia opera este recurso, que por momentos el lector se siente más urgido por averiguar quién cuenta la historia que por descubrir al culpable. En ese sentido, exaspera la habilidad con que De Miguel maneja el lenguaje, sin dejar escapar un adjetivo, un pronombre, un participio que señale, siquiera, el sexo del narrante. Sólo se tiene indicios de que vive en el Palacio de los Patos, se sabe que estudia Letras, y se advierte que supera su naturaleza misántropa mostrándose a veces sociable con los demás moradores, no por gusto sino por curiosidad y, que, desde el asesinato, los frecuenta por interés, con el fin de conseguir datos para la historia que está escribiendo. Uno de esos moradores, el escritor López Alvarez, dice en una ocasión, citando a Italo Calvino, que la novela policial termina cuando se descubre al culpable. Sin embargo, no ocurre así en El Palacio de los Patos. Llegado cierto capítulo, ya sabe quién es el culpable, y no obstante la tensión no se relaja. De Miguel da otra vuelta de tuerca y deja pendiente, tanto el móvil del crimen como el modo en que éste fue perpetrado. Al mismo tiempo deja estancada la investigación del pobre inspector Naranjo, que, a diferencia del lector, ignora quién mató a Josefina y se desespera por encontrar alguna pista. Lo fundamental es el placer que proporciona, por un lado, el estilo, que en el caso de El Palacio de los Patos está determinado por un medio sencillo pero eficazmente usado: esa segunda persona con que el narrante convierte al lector en escucha del relato, como en las historias orales, pero no al modo enfático de aedas y juglares, ni al modo calmoso y grave del narrador de leyendas y casos, sino en ese tono ligero, campechano y chismoso, de entre casa, que permite a la autora entrerriana exhibir más que nunca esa aptitud de cuentera con que ella misma se define siempre en las entrevistas. La acción de la novela, acotada en Buenos Aires durante los seis últimos meses de1999, se expande, como una acuarela por obra del agua, hasta abarcar gran parte de la escena del devenir nacional. Pero hay todavía otra fuente de goce: se trata de la manera como De Miguel, aprovechando ese registro de charla y a partir de un insustituible dicen, permite que quien narra se entregue a disgresiones sobre historia argentina, curiosidades históricas de otros países, y, desde luego, literatura universal, incluyendo el género policial y la Biblia. EXCELENTE ESTADO wzwzwzwzwzwzwzwzwzwzwzwzwzwzwzw |