Su pasión por la vida afecta también a sus relaciones amorosas. A pesar de estar casada, siempre se la conocieron amantes, pero sería con Henry Miller, un escritor desconocido en esa época, con quien trabaría una rara e indisoluble relación. La mujer de Miller, June Mansfield, estaba de viaje en París. Cuando June regresa a Nueva York, Anaïs siente una fuerte atracción por ella, que se ve correspondida y se convierten en amantes, transformando su relación en un exitoso triángulo amoroso.
También volvió a encontrarse con su padre, con quien tuvo una relación incestuosa.
A pesar de que sus novelas empezaban a ser reconocidas por público y crítica, ninguna editorial se atrevía con ellas por su alto contenido erótico, por lo que seguían siendo editadas con el propio dinero de la autora.
Junto con Henry Miller, y para sobrellevar una época de penuria económica, llegó a escribir por encargo de un lector anónimo, una serie de cortos relatos eróticos que cobraban a un dólar por página.
Fue la primera mujer occidental y una de las primeras en todo el mundo, que se atrevió a escribir y publicar relatos eróticos, que fueron recogidos primero en su libro “Delta de Venus”, en el que se aprecia una fuerte influencia del antiguo texto hindú Kama sutra, y después en “Pajaritos”. Antes de ella, la literatura erótica escrita por mujeres era muy escasa.
Pero al llegar los años 60, Anaïs se decide a publicar sus “Diarios”. Es en ese momento cuando le llega el éxito por aclamación popular e irrefutable. Su figura y su obra fue entonces reivindicada por las feministas, movimiento en pleno auge y se la considera pionera en el difícil campo la liberación femenina. Esto no quita para que se la reconociera como persona virtuosa y delicada, que mostró al mundo su “yo” más íntimo en sus diarios.
Estos “Diarios”, extremadamente sinceros, íntimos y personales, nos hablan de la vida que vivió y de la gente con la que se relacionó. Gente interesante e influyente relacionada con el mundo de la cultura, tanto su faceta literaria, como artística o incluso del campo de la psicológica. En los “Diarios” podemos observar la obsesión compulsiva por su padre, que les abandonó por una mujer más joven. También nos cuenta sin tapujos su vida licenciosa, o cómo estaba dolida por su poca aceptación como escritora en Norteamérica, sintiéndose ella norteamericana. Su diario era su único refugio personal, su único amigo al que hablaba con amor y sinceridad, desvistiendo su alma.
De algunos de estos “Diarios” hay dos versiones, pues en las primeras publicaciones se evita mencionar a determinas personas que aún vivían y podían sentir malestar por ello. Según iban falleciendo estas personas, se publicaban nuevas ediciones incluyendo la parte previamente censurada. Su esposo Hugo, expresó su deseo de no salir en ninguno de sus “Diarios”, por lo que no se le menciona en ningún momento.
Anaïs fue una persona narcisista, lo que la convertía realmente en alguien solitario. Sus amoríos pasaron por todos los posibles tipos de relación, desde el incesto hasta la homosexualidad, ninguna de ellas definitiva y duradera.
Aunque escribió mucho y de manera constante, Anaïs Nin conoció la fama casi al final de su vida. Pocos años después de publicarse sus diarios se la detectó un tumor de ovarios.
Anaïs murió en Los Angeles el 14 de enero de 1977, su cuerpo fue incinerado y sus cenizas fueron esparcidas sobre la Bahía de Santa Monica. Fue una mujer inadaptada, que no quiso o no supo vivir de manera ordinaria.


