Estos son nuestros viejos de zoonosis.
Están encerrados hace años.
Ingresaron por ser callejeros y molestar a ciertas personas por "afear el barrio".
Nunca conocieron el calor de un hogar pero aún tienen esperanzas.
Son perritos tan buenos, dulces y necesitados de afecto que destroza el corazón tener que volver a encerrarlos después de liberarlos un ratito cada sábado.
Necesitan de un gran acto de amor, de alguien que les de la oportunidad de tener esa caricia diaria que tanto anhelan y un rincón calentito para dormir.
Ellos no piden mucho más que eso, porque nunca tuvieron nada, sólo nos tienen a nosotros que a pesar de llenarlos de mimos sólo podemos hacerlo un ratito a la semana y luego quedan el resto de los días en un frío canil mirando pasar sus últimos años.
Son perritos sanos y vitales a pesar de la vida tan dura que les tocó.
Lo que aprendimos de ellos es a no perder las esperanzas.
Por eso hoy contamos su historia y los presentamos, sabiendo que su familia está en algún lugar esperándolos para que puedan conocer y disfrutar una vida distinta
a partir de ahora.
Las fotos del antes y después son para mostrar todo lo que se logra
sólo con un poco de amor y alimento.
Los llevamos a domicilio. Están castrados, vacunados y desparasitados.